
1. Humanizar el carácter y hacerlo sensible aun con los insectos que no perjudican. Stern ha dicho a una mosca abriéndole la ventana para que saliese: “Anda, pobre animal, el mundo es demasiado grande para nosotros dos”.
Y lo seguiremos haciendo...

Por Facundo Bianco
De aprietes y extorsiones. De tranzas y estrategias. De víctimas y victimarios. De pobres y ricos. De malos manejos y corrupción. De desvaríos y falta de crítica. De dedocracia, no democracia. De lavado de cara y de dedos acusadores.
De todo eso está compuesto este enorme papelón que tiene como protagonistas a la AFA unipersonal de Grondona, a los dirigentes de los clubes, a TyC Sports, al Grupo Clarín, a Futbolistas Argentinos Agremiados, a jugadores, periodistas, técnicos, y hasta al Estado argentino.
Todo quilombo que ponga en tela de juicio al perverso sistema ya establecido, viene bien. Barajar y dar de nuevo viene bien. Después hay que ver qué pasa con esta revolución entre comillas. Porque si barajan y dan de nuevo, pero no cambian ni las cartas, ni los jugadores, ni las reglas, y en cambio se sube la apuesta, es probable que veamos repetirse el mismo papelón del cual hoy somos testigos.
Mañana debería comenzar el campeonato, pero eso no sucederá. “Arranca el 21, con o sin televisión”, dijo el inefable Cherquis Bialo, vocero de Grondona. El mismo ex periodista que habló del fin del monopolio y el ingrato recuerdo de que la gente deba esperar hasta las 24hs del domingo para ver los goles de la fecha.
Quizás no reparó, a la hora de entonar esa frase cual político en campaña, que fue justamente su jefe quien firmó hace 18 años, sin licitación alguna, y revalidó hace sólo 2, el contrato que hoy todos cuestionan. Hasta él mismo. Hasta el propio Grondona. O nos toman de boludos, o apuestan a que el pueblo argentino tenga en este caso la misma mala memoria que tuvo casi siempre, a lo largo de su historia.
Pero volviendo al divorcio de TyC/Clarín con Grondona, es de esperar que la jugada de Don Julio contemple una red donde caer parado, porque el jefe no da puntada sin hilo. Lo curioso, o no tanto, es que el actor del circo que debería estar pagando la mayoría de los platos rotos, hoy se ha reconvertido en un mesías al cual muy pocos cuestionan por fuera de la AFA, y nadie por dentro. Como escribió Varsky, Grondona pasó de ser El Padrino a Robin Hood.
Por eso, este cismo cobrará valor si con el correr de los días logra dejar fuera del circuito a personajes que evidentemente hicieron las cosas lo suficientemente mal como para sentir el impacto. Grondona y los dirigentes de los clubes, por ejemplo. El Grupo Clarín y TyC, otro ejemplo. Sergio Marchi de Agremiados, y la lista es larga.
Porque sucede que desde que se puso en tela de juicio el contrato entre la AFA y las empresas que operaron hasta el martes, todos los que viven del fútbol se fueron ubicando en el pedestal de la moralidad para decir sus discursos.
Entonces el presidente de TyC Sports se muestra indignado en un raid mediático por los medios de la empresa para la que trabaja. Indignado porque la AFA no cumple con el contrato, pero sin mencionar que ese acuerdo legal no es más que una estafa permitida por el inescrupuloso Grondona, socio de TyC hasta el martes, e impulsor de dicha empresa en su génesis.
Don Julio se muestra enfurecido por las deudas de los clubes y le pide a la TV más del doble de lo que le correspondía por contrato, que él mismo firmó y describió como el mejor contrato que rubricó en su vida. El mismo contrato que ningún dirigente en la AFA conocía, hasta el martes.
Y siguen los actores, siguen los discursos. Los dirigentes de los clubes gastaron por 30 cuando recibían 5, por lo que puede esperarse que gasten por 300 cuando reciban 50 si no se los controla. Estos mismos dirigentes, todos con vínculos con barra-bravas y manejos por lo menos desprolijos en las finanzas de sus clubes, son los mismos que se quejan por la poca plata que reciben pero levantan para sostener al tipo que divide la torta. En la última década se vendieron 393 jugadores por 1067 millones de dólares, sin embargo los clubes tienen un pasivo global cercano al 700 millones de pesos. Alguien debería explicar donde está toda esa plata.
Los jugadores protestan a través de su gremio, sin dar la cara pero cobrando contratos que no entran en los balances de clubes con pérdidas y deudas millonarias. Firman lo que saben que no le pueden pagar. Hay una responsabilidad desde ese lado. Maquinados por la prensa, exigen sueldos de niveles europeos en un fútbol con clubes inhibidos.
Los periodistas, nunca ajenos a la cuestión, lloran por TV, despotrican por radio y se indignan en el papel. Se les acabó la fiesta, la época de los grandes viáticos y el monopolio del manejo de la información. Hoy rompe con ellos el mismo dirigente al que jamás cuestionaron, por ser socio de sus jefes. Es una canallada que el único análisis que se haga de toda esta situación, desde los medios damnificados, sea que una vez más alguien en este país está faltando a un contrato. Canallada que se difunde sin pausa desde Tyc Sports, Fox, Olé, Clarín y todos los perjudicados por el fin de una estafa que duró demasiado.
Y el Estado aparece como nuevo integrante de esta novela. Todavía no se sabe a ciencia cierta cuál será su rol, pero aparentemente proveerá a la AFA de 600 millones de pesos para quedarse con el fútbol. En principio parece desmedido que con tantas prioridades y deudas de carácter social, el Estado decida poner semejante cifra. Teniendo en cuenta, además, que no cuenta con la estructura necesaria para mantener el nivel de transmisiones, en cantidad y calidad. Habrá que esperar para ver de qué se trata todo esto, amén de tener la certeza que se trata de un golpe más en la pelea entre el matrimonio K y el Grupo Clarín.
Está claro, el contrato vigente hasta hace unos días era sumamente beneficioso para la empresa que adquirió los derechos, pero no para los clubes. Lo firmó la misma persona que lo rompe, sostenida por las mismas personas que lo cuestionan levemente y lo sostienen con fuerza. Desde lo ideológico, seduce la idea de terminar con el monopolio. Habrá que esperar para ver quién compra las cartas, quién pone las reglas y quiénes juegan. Por supuesto, también si por fin alguien dará explicaciones.
En homenaje a dos años de su despedida, publicamos el cuento "Los Nombres", del genial Roberto Fontanarrosa. 

Escrito por algún enfermo hincha de Tigre.
No se puede creer. No hay pellizco que despierte a tanta gente que sigue soñando con los ojos abiertos. Digo que sigue soñando, porque este sueño ya lleva seis años ininterrumpidos de paladares endulzados. Si en agosto de 2004 nos decían que había que sacar el pasaporte, pensábamos en ir a ver al ratoncito de Disney, a conocer la Torre Eiffel, o a patear la Gran Muralla China.
Durante años, cada sábado, camino al viejo estadio de Guido Spano y Perón, a los hinchas de Tigre se nos cruzaba alguna idea alocada por la cabeza. Sólo eso, una idea. O más que una idea, un deseo, un anhelo, una ráfaga de satisfacción. En fin, un disparate, que se esfumaba con cada patada en el culo que nos daba, una y otra vez, la realidad.
Si ganarle a San Miguel se había convertido en una de las pocas alegrías que podíamos tener en la temporada. Si Laferrere, Almirante Brown y Colegiales se habían convertido en clásicos. Si teníamos un técnico cada diez fechas y cincuenta jugadores fantasmas por campeonato. ¿Cómo no nos iba a bajar de un plumazo, la realidad, a penas levantaban vuelo nuestros corazones que no entienden de razón?
Tantos años cantando que Tigre ya estuvo en Primera y que algún día iba a volver, que íbamos a copar la Bombonera y el Monumental… Pero qué vamos a copar, si en el club cortaron hasta el agua corriente y hace años que venimos naufragando y ni siquiera nos podemos mantener en el Nacional B. Dicen que en la adversidad se hace más fuerte el sentimiento, se pone a prueba la fidelidad, el amor.
Es como reza esa bandera que vi la primera vez que fui a ver a Los Redondos: “La única manera de entender es participar”. Y sí, es así, hay que ser hincha de Tigre para entender porqué el pecho se infla cuando encontramos un hermano en el lugar más recóndito del planeta. O cuando alguien te cruza después de muchos años, y te reconoce como aquel sufrido hincha de Tigre, aunque ni siquiera recuerde tu nombre. Hay que tener sangre azul y roja para entender porqué el andar es distinto cuando el escudo acaricia el pecho.
Orgullo. Orgullo de pertenencia. Porque el mismo sentimiento aparecía cuando nos enterábamos que el Lechuga Maggiolo la metía en Colombia, en Olimpo, en Estudiantes o dónde fuera que estuviera; o que el poco disfrutado Diego Conca jugaba la Libertadores y era ídolo en Brasil. Y también, por qué no, cuando Luis Ardente salvó a San Telmo del descenso.
Con estos últimos seis años de alegrías interminables, el orgullo se recicló. Aparecen nuevos motivos para que los hinchas de Tigre andemos por la calle con una sonrisa de oreja a oreja. Y el agrande nos viene cuando vemos a Alexis Ferrero cantando el himno con la cuatro en la espalda y el pecho celeste y blanco; o a Cristian Campestrini cortando centros, invadido por la emoción.
Lo mismo nos pasa cuando algún canal de cable nos muestra el resultado del Espanyol de Barcelona, con un golazo o alguna pincelada sutil de nuestro Román. Si hasta el Patito Galmarini logró que alguna vez veamos con buenos ojos un gol de River, siempre y cuando fuese suyo, desde ya.
Hoy tenemos un nuevo motivo de orgullo, un suceso histórico para este viejo y sufrido club de la Zona Norte. De la mano de Diego Cagna, el Matador jugará una competencia internacional por primera vez en sus 107 años de vida. Creer o reventar. Propios y extraños piensan en darse la cabeza contra el cordón para comprobar que esto es real. Yo prefiero seguir soñando.
El sentimiento de orgullo se sigue renovando. Y si hace unas semanas tuvimos la satisfacción de festejar el gol número cuarenta de nuestro máximo ídolo contemporáneo, el Chino Carlos Luna, hoy ya sacamos cuentas para viajar. Eso sí, compañero de tablón o envidioso contrincante, cambiaron los destinos. En nuestro horizonte no está más la cancha de Ben Hur en Rafaela, ni el estadio salteño de Juventud Antoniana. Las monedas comienzan a juntarse para llevar la camiseta azul y roja a Uruguay o a Perú.
Sí, está bien, ya sé que primero habrá que pasar al siempre difícil San Lorenzo de Tinelli… digo, de Almagro. Pero qué me importa. Lo disfrutan nuestros abuelos que nos heredaron esta pasión, lo disfrutan tantos hinchas que llevaron los colores a cualquier rincón del mundo, lo disfruta Marcelo Cejas, cobardemente asesinado. Lo disfrutamos todos los que recorrimos canchas inhóspitas y vivimos aferrados a una ilusión: la de ver a aquel dormido Matador, rugiendo cada vez más fuerte.
De la nada a gloria me voy… Hay un nuevo Tigre caminando por Sudamérica.


