
Que país el nuestro, Salta un bolonqui y ya cada uno toma partido por alguien.
El turno de esta semana fue el choque mediático de Diego Armando Maradona y Juan Román Riquelme.
Que vos jugás mal, que vos no tenes códigos, que renunció, que no vuelvas…de todo hubo. Hasta los típicos argentinos metidos que colgaron la bandera de apoyo al caprichoso enganche de Boca Juniors, o los que bancan al Diego, hoy entrenador, pero ícono inevitable del fútbol nacional (e internacional).
Y yo me pongo a hojear diarios. Y aparece el Diego criticando y Román llorando. Y la gente opinando. Esta bueno que la gente opine.
Sin embargo me gustaría detenerme en algo que tengo atragantado hace mucho tiempo.
Situación: Maradona Técnico, Riquelme Jugador.
El técnico que dice al jugador (me consta de muy buena fuente) antes de decirlo en los medios que lo necesita de otra forma, con otra predisposición. El jugador acepta rezongando por ser criticado, una situación que el jugador no está acostumbrado a enfrentar porque vive rodeado de dirigentes chupamedias, técnicos sin personalidad, jugadores que lo ignoran por enemistades y un ex seleccionador nacional que lo ponía hasta cuando tenía menos fútbol que el mismísimo Grondona por estos días.
Si, ya se, que cruel soy contra el excelente pero excesivamente caprichoso enganche de Boca Juniors. ¿Que queres Román? ¿Seguir siendo mimado a los 30 pirulos?
Diego Armando Maradona es un personaje de actitudes desechables, pero a la vez es el técnico de la selección y como tal, a mi entender, tiene derecho a decir lo que quiera de los jugadores que elige, simplemente porque considero que los jugadores de hoy son demasiado estrellitas para mi gusto. Y Riquelme es un exagerado en todo sentido.
Me pudriste Riquelme, me pudriste de verdad. Me pudrió tu andar soberbio y tu perfil de trastornadito, tus caras de amargo y tu sonrisa falsa.
Ni tu exquisito juego ni tus logros me tapan lo mal que me caes como persona, lo mal que se ve que le caes a tus “compañeros” y lo mal que le haces a los grupos.
Tu renuncia al principio me dejó pensando. Hoy estoy convencido que con la celeste y blanca no ganaste nada, por eso no te voy a extrañar.
¡Vamos Argentina carajo!
Juan Ignacio Apogliessi
apogliessijuanignacio@hotmail.com






Además, en esa hora y treinta y cinco minutos mágicos que duró el recital, me di cuenta que estos “especímenes” –como también lo son Pink Floyd y Led Zeppelín- son inigualables y que faltará mucho –muchísimo- tiempo para que se asome otra banda que alcance las perfecciones que poseen estos eternos grupos.







Pueden transcurrir uno, cinco, hasta diez años; pero siempre estará ese rincón del caprichoso corazón con el cartelito de “Prohibido pasar” colgado de su puerta. Hasta podría haber otra persona que luego se adjudicadora de esa llave o que se gane un sitio en él. No obstante, eso no implica que los anteriores recuerdos, nombres o rostros, se hayan borrado como el mar elimina las huellas de la arena.