13 de agosto de 2008

Los puntos negros de 2000


Por Matías Alba

Es simplemente lamentable. Pensar que estamos en 2008 y que algunas de esas personas sobrepasan los 30 ó 40 años. Me estoy refiriendo a los individuos que no se ponen colorado en exclamar las siguientes frases: “Son negros ignorantes de mierda”, “no merecen vivir”, “no tienen cura”, y la infaltable “hay que matarlos a todos”. Ah, sin olvidar la célebre “que se vayan a su país”, para los extranjeros (pero ojo, nunca dirigida a ingleses, franceses o polacos).
En mi trabajo matutino, que transcurre en una librería de Avellaneda, cada santo día tengo que escuchar a cada personaje que, directamente, opina o afirma sin pensar, razonar o peor aún, sin informarse.
Por ejemplo, esta semana ingresó al local una señora mayor (tendría alrededor de 60 años) a sacar una fotocopia. Mientras la atendía, empezó con su repertorio: “Recién me atendió un negro que no sabía ni hablar. Me parece que era boliviano o paraguayo. Yo no sé porque ponen a ese tipo de gente a trabajar. No saben hacer nada”. Y se retiró con el plus: “Hay que hecharlos a todos a su país”.

Este es uno de los tantos ejemplos que presencio cada día, cada hora, cada minuto. Además, estoy muy asombrado y triste por la cantidad de personas que superan el medio siglo -perdón por la repetición, pero creo que vale la pena remarcarlo-, que por diversos motivo piden a gritos la pena de muerte, pero claro, en su mayoría para la gente de bajos recursos o que viven en lugares muy humildes. En vez de hacerlo, pero reclamando más educación, cultura e integración a la sociedad de los que menos tienen, para que -como está comprobado- se terminen los problemas de pobreza e inseguridad. De lo contrario, mientras se pida más mano dura, seguirá todo igual (no obstante, este tema en particular tendrá el lugar que se merece en otra nota).
Por su parte, que toda la gente tipo Micky Vainilla -personaje del genial Diego Caposotto- que razone un poco y no exiga demasiado el fusilamiento a los “negros” o “inmigrantes ilegales”, porque justamente hacen el trabajo que a ellos no le gusta.


7 de agosto de 2008

Muestras



Por Juan Ignacio Apogliessi

"El Tribunal Oral Federal de Corrientes condenó ayer a tres oficiales retirados
del Ejército y a un ex comandante de Gendarmería por crímenes de lesa humanidad
cometidos en el Regimiento de Infantería 9 durante la dictadura. El empresario
ganadero y ex presidente de la Sociedad Rural de la provincia, capitán Juan
Carlos De Marchi, apodado “El Electricista” por sus destrezas con la picana,
pasará 25 años en una cárcel común como cualquier hijo de vecino. La sentencia
incluyó la absolución de un suboficial del Ejército, la segunda desde la
reapertura de las causas, y un espectáculo dantesco de la militante por los
derechos de los genocidas Cecilia Pando, que incluyó amenazas de muerte a los
jueces, a la diputada Victoria Donda y al titular de la Secretaría de Derechos
Humanos, Eduardo Luis Duhalde."

Este fragmento fue tomado de una nota que Diego Martinez escribió para el diario Pagina 12 y lo encuentro destacado porque resume en algunas lineas toda la situación vivida luego de la lectura de la sentencia.


El resultado, a grandes rasgos, deja matices. Por un lado, la correcta política de Derechos Humanos y, por el otro, las migas de un ideal, y sus miserables formas de defensa, que no hacen más que tornar aún más correcta dicha política de Derechos Humanos.


Esperanza y alegría, para todos menos para ellos mismos, es el camino que parecen tomar los destinos de las bestias que mancharon de sangre la historia des nuestro país. De a poco pareciera que la historia va encausando su dirección hacia la justicia, ausente durante mucho tiempo disfrazada por las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, y enterrada con el terrible indulto concedido.


Asco y bajeza, terror y más terror, tristeza y mucha bronca producen escuchar, leer, analizar, reflexionar acerca de lo que una activista, y tristemente defensora del terrorismo de Estado, como Cecilia Pando puede llegar a vocalizar, enfundada en el mismo odio por la vida que demostraron sus protegidos.


Decir que es inhumano su parecer es aceptar su teoría de calificar y descalificar a un ser igual que todos. Me inclino, personalmente, por apodar a esta mujer de obtusa, de ignorante, de mal aprendida e increíblemente descarada.


Ella, al igual que los condenados, y muchos que no lo están, no hacen más que darle sentido a seguir peleando por una justicia que no debe frenar su curso a la hora de encerrar, mediante una ley constitucional, a los responsables de muchas pérdidas. A todos los responsables.


Un capítulo más que muestra la forma como unos responsables autoritarios del Estado manejaban las cosas hace algunos años. Y la forma en que hoy esos mismos deben hacerse cargo de los delitos que han cometido.

La fe es mía


Por Facundo Bianco

No sé si la fe mueve montañas. Pero hay algo seguro, y es que la fe, entendida bajo las distintas concepciones religiosas, ha sido el principal motor de una gran porción de la población de este planeta a lo largo de su historia.
Desde el discurso, cada religión se ha apoderado del concepto de fe. Así, se institucionalizaron las creencias de millones de personas, y se convirtió en negocio, en estructura de poder y de control.
En este rincón del mundo, fue el catolicismo el que logró mayor cantidad de adeptos, utilizando métodos un tanto difíciles de justificar. Más de cinco siglos atrás, la cruz convertida en espada aniquiló a miles de indígenas, dueños naturales de estas tierras, y obligó a los sobrevivientes a cortar de raíz con sus más grandes tradiciones.
El mensaje fue concreto: Dios o muerte. Ellos ya tenían sus dioses, y entre sus herencias más pesadas, cargaban con una fe infinita y una creencia de que todo sucedía por obra y gracia de aquellos, sus venerados dioses. El sol y la luna, por ejemplo.
Pero su fe no respondía al mismo Dios al que rendían cuentas aquellos piratas españoles que asomaron por el océano atlántico, y ese fue motivo suficiente para llevar adelante uno de los primeros grandes genocidios de la historia.
Como pasa con toda las organizaciones de grandes dimensiones, el dinero y el poder (el orden de los factores no altera el producto) fueron definiendo la injerencia de su doctrina en distintas sociedades. La acumulación de fieles comenzó mucho tiempo antes, más precisamente en el siglo IV, cuando el Imperio Romano adoptó el cristianismo como religión estatal. A partir de allí, los herejes fueron considerados enemigos del Estado, y para contener la creciente herejía que se expandía por el mundo, surgió en Francia una idea del Papa Inocencio III: La inquisición.
Hacia 1478 apareció la inquisición española, que tuvo jurisdicción más tarde sobre varios lugares del continente americano. Dependía directamente de la corona española, que mostraba su poder a través de un grupo policial. A los herejes se les aplicaba, en el mejor de los casos, la confiscación de sus bienes y la cadena perpetua. La opción más utilizada, sin embargo, era la pena de muerte.
Así, no fue extraño que el método de sometimiento llevado adelante con la veña de la Iglesia Católica en el próspero continente americano de 1492, fuera tan violento.
Ya para el siglo XX, el papel de la Iglesia en Argentina, como en el resto de Latinoamérica, camino siempre de la mano del poder capitalista. Apoyó las más cruentas dictaduras y persiguió y entregó a sus propios curas tercermundistas que ponían el rol social por encima de los intereses institucionales. Retrógrados y conservadores, los máximos dirigentes del clero defendieron genocidios, asesinatos políticos y vaciamiento económico de países enteros, persiguieron comunistas y mantuvieron relaciones más estrechas con las autoridades militares que con las democráticas.
La Iglesia Católica impuso e impone costumbres como arrodillarse, rezar, confesarse y demás. Sin embargo, algunos fieles, y otros no tanto, eligen brindar toda su fe a creencias paganas y populares que, no por estar fuera de la institución más represora de la historia, deben ser catalogadas como “payasadas”.
¿Sienten tambalear su poder cuando sus fieles clientes miran para otro lado?
La descalificación es el primer síntoma del miedo.
Las costumbres de las distintas culturas merecen respeto, lo que no implica tener que seguir sus prácticas y preceptos.
Si una institución genocida y corrupta pregona su fe, y se la respeta a lo ancho del mundo, deberían tener la misma suerte otras formas de fe, como las paganas.
¿El Gauchito Gil merece el mismo respeto que Cristo?
¿Por qué no?
Pregonar una forma de fe como la única fe posible, es clientelismo.
Y en eso anda la Iglesia Católica por estos días, viendo si el balance le da positivo.

6 de agosto de 2008

El vigilante medio argentino


Esta nota fue escrita por Alejandro Seselovsky, y publicada en el diario Crítica de la Argentina, del 06 de agosto de 2008.

"Jamás, de ninguna manera, se me ocurriría mandar un poquito bien a la concha de su madre a la clase media de Buenos Aires. Inflo el pecho para decirlo: mi clase media. La que ahora se siente satisfecha de sí misma cuando boquea con suficiencia su nueva y tan saludable proclama: ¡Qué bien Cobos!

La clase media que puteaba a los piqueteros del hambre porque la hacían llegar tarde a la terapia y que ahora se compra la banderita y va al acto del campo para sentirse solidaria, para sentirse una hermana federal. La que lee La Nación en la barcito de GEBA y que siente que Grondona ya fue, pero qué bien este Joaquín Morales Solá, cómo piensa. O lee Crítica de la Argentina, y entonces lo que piensa es qué bien el gordo, cómo le pega a estos turros.

La que de ninguna manera se espanta con los negros que llegan en los camiones del conurbano pero en el fondo preferiría que hubiera menos camiones, menos negros y de paso menos conurbano. Así, de un plumazo, que no hubiera: por qué tiene que seguir habiendo. La que putea a los chicos del call center cuando el celular no le manda bien los mensajes de texto. La clase media que en el 95 votó a Menem porque se quería seguir yendo a Nueva York con los 1000 pesos de su salario dolarizado mientras rosarinos desclasados carneaban vacas sobre la avenida Circunvalación o neuquinos expulsados de sus empleos tras la privatización de YPF cortaban caminos en Cutral Có, pero que cuando le tocaron los plazos fijos sintió que lo que le estaban tocando era el culo, y salió a cacerolear porque con el hambre de gente que vive en esos taperíos no sé, pero con los plazos fijos no se jode.

Esa mezquina, desmemoriada, garca, egoísta, autoindulgente, vigilante y un poco bastante gallina clase media que se indigna con la marca de la cartera de nuestra señora presidenta, que ve allí, en esa exaltación del consumo por el que muere mil veces, los grandes males de la patria. Y entonces se sube con la virgencita a gritar Argentina, Argentina y le estampa un beso a Luciano Miguens y le agradece por defendernos del gobierno que le cae mal: cuestión de piel, ¿viste? Nos cae mal.

La clase media vecinalista que está pensando en los destinos del país y que cree fervientemente que nos vamos a ir para arriba el día que saquen a patadas en el culo a todos los cuidacoches de Palermo, porque te rayan el auto y el auto de la clase media es la proyección de un ser supremo nacional, incluso por encima de los plazos fijos, fíjense. En el 82 llenó la plaza porque creía en sus generales y en que la guerra era una guerra ganada y en 2004 le firmó las papeletas al ingeniero Blumberg porque creía que de verdad era ingeniero y que iba a terminar con la inseguridad, esa cosa mala que inventaron los pobres y sobre la cual la clase media no siente que tenga ninguna responsabilidad social, por qué iba a tenerla.

Supongo, como ya ha supuesto el chico Salmón en uno de esos talksongs radiográficos que tiene, que será el destino divino, tan fino, tan occidental y cristiano. Cosmopolita y parisino. Tan típico Matute pero no el de Don Gato. Supongo que el vigilante argento además es barato: además es barato. Y que así deber ser el estilo tan fino, del vigilante medio argentino.Nací y crecí en esa clase media. La que vive en barrios con poca voluntad de serlo. (San Juan y Boedo es la esquina de un barrio, y no hay Norte que alcance para convencerme de que Laprida y Mansilla es la esquina de otro, mal que le pese a la memoria de Xul Solar).

La clase que se siente bien de sí misma porque no se mete en política, nunca se ha metido, siempre fue antiperonista. A esa clase le conozco sus clubes y sus colegios. Yo soy ella, así que no, jamás. Mandarla a la concha de su madre. Cómo se me va a ocurrir".

28 de julio de 2008

Las "claves del éxito" de la vida

Por Matías Alba

Agarrarse un testículo (pero que sea el derecho), tocar madera (pero que tenga cuatro patas), tocarse un pecho (del mismo lado que el testículo), caminar para atrás luego de ver un gato negro, hacer “cuernitos” o hasta invocar -tres veces seguidas- al genial músico Osvaldo Pugliese. Todas esas.....¿payasadas?, son las que la gente......¿incrédula?, realiza cuando tiene a la maldición cerca o asechándola.
Sí, suena raro pero es real. No se puede creer la cantidad de personas que le dan un valor paranormal a determinadas acciones u objetos.
Pasar por debajo de una escalera, volcar la sal, nombrar alguna persona que, supuestamente, envía la mala suerte con llamarlo o el pobre felino, que sólo por tener su pelaje oscuro, brinda nada menos que ¡siete! años de fustraciones. Pero es más increíble escuchar que hay individuos que le hechan la culpa a esos hechos de ser los causantes de peleas con gente querida, de tener un día para el olvido en el trabajo, de rendir mal un parcial o hasta de que salga mal un proyecto. Simplemente, increíble. Ah, sin olvidarme que también envía rayos malignos los pelirrojos, los “renjos”, algunas flores, las tijeras abiertas y hasta nombrar a la víbora. Sin palabras.
Buscar explicaciones es muy difícil. No obstante, me preocupo por la falta de seguridad en sí misma que tiene toda esa gente.

Pero.......uy, qué barbaridad todas las maldiciones que invoqué en esta nota. ¡Qué terrible! Entonces, por consiguiente, para las personas que se creen todo esto, este blog tendrá un problema técnico irreparable y todos sus integrantes tendremos a la parca a cuestas. Nooo..., encima yo lo escribí. Bueno, me voy a bañar en vinagre para tratar de zafar, pero por las dudas, aprovecho para despedirme de todos mis seres queridos, antes de que se me caiga un piano de cola en la cabeza o que un avión aterrize en mi habitación.

21 de julio de 2008

Que nos quedemos sentados


Por Lucia Apogliessi -15 años-


“Que nos quedemos sentados”, eso es al parecer lo que nos piden, mientras el Teatro Colón -inaugurado el 25 de Mayo de 1908 con la majestuosa obra Aída, del compositor italiano Giuseppe Verdi- está siendo supuestamente renovado.

Siendo uno de los monumentos históricos más representativos de la República Argentina junto con el Palacio de Congreso y la Casa Rosada este teatro se mantiene cerrado actualmente con una promesa ya gastada de ser prolongada: “El Colon se mantendrá cerrado durante dos años para recibir los arreglos necesarios y se reabrirá nuevamente en su centenario”; nos dijeron.

El centenario del Colón se cumplió este año, 2008, pero somos argentinos y en estos tiempos estamos acostumbrados a la mediocridad cotidiana: el egoísmo, la corrupción la hipocresía, parecen los nuevos valores instalados en nuestra sociedad.

Está más que claro que no debemos acatar promesas ni pedidos de confianza, debemos exigir que los responsables actúen y en consecuencia ahora nos hacen creer que va estar abierto nuevamente para el 2010. Por otra parte, este es un tema, que al parecer esta siendo tratado con bastante indiferencia por la gente, o más bien con una pasividad resignada.

¿Qué nos sucede? El Colón ha sido siempre un teatro venerado por los públicos de prácticamente todo el mundo y ni hablar por los grandes artistas.

Más allá de su acústica de referencia, es un lugar que carga con una larga tradición musical argentina comenzada en el siglo XVIII, es decir tiene mucho que ver con nuestra cultura y nuestra identificación como nación. Y todo esto por no nombrar la importantísima y prestigiosa infraestructura, al cargo de Francesco Tamburini, Vittorio Meano y Jues Dormal, con un estilo como pocos los hay en el mundo, y si hay algo que tiene esta obra atada es el adjetivo único. Pero esto vas más allá de la fachada y lo que pueda parecerle al mundo y aún más como atraiga al mismo.

Este es un lugar donde una multitud de artístas virtuosos trabajan todos los días para ganarse el pan. Un claro ejemplo de estos es el famosísimo ballet que posee el Colon, o la deslumbrante orquesta. ¿Cómo es la vida de estas personas? Sabiendo lo sacrificadas que son las cinco carreras que otorga el teatro (Danza Clásica, Canto Lírico, dirección escénica, dirección musical de ópera y caracterización) y sabiendo a su vez que estos trabajadores no cuentan ni con un sindicato que defienda sus derechos ni sus salarios. Entonces… ¿qué peor que quitarle el orgullo de ser artista a un artista? Es como sacarle los pies a un bailarín para que pueda bailar o las manos a un músico para que pueda tocar.
Además, ningún teatro cuenta con un escenario tan eficiente como el del Colón y menos aún con tal acústica (y esto en gran parte se debe a la poca importancia que se le da al ámbito artístico en este país) y en consecuencia, los ensayos y las prácticas se tornan muy difíciles.
Para pensar, ¿no?

18 de julio de 2008

Era para festejar con champán

Por David Cufré (Página 12 / viernes 18 de Julio de 2008)





No es raro que las entidades ruralistas hayan festejado con champán apenas Julio Cobos anunció su voto contra el proyecto de retenciones móviles. La eventual derogación de la resolución 125 –el Gobierno todavía no definió qué hará– aumentaría los ingresos de los productores de soja en casi 20 por ciento, para llevarlos a un nivel inédito. Con la 125 todavía vigente, los derechos de exportación se ubicaron ayer en 46,6 por ciento, en virtud de un precio internacional de 552 dólares la tonelada. Si las retenciones volvieran al 35 por ciento del 10 de marzo pasado, los productores pasarían a cobrar 1126 pesos la tonelada, en lugar de los 944 pesos de ayer.
Lo más sorprendente es que los productores esperaban ganar 804 pesos la tonelada cuando sembraron soja en octubre del año pasado. Esa era la remuneración prevista con las retenciones a 27,5 por ciento y un precio internacional de 356 dólares la tonelada. Ahora el precio internacional está en 552 dólares la tonelada, las retenciones, en 46,6 por ciento y los ingresos para el productor al día de ayer alcanzaban a 944 pesos la tonelada. Si la retención bajara a 35 por ciento, los productores embolsarían 1126 pesos la tonelada. Los más favorecidos serían los medianos y grandes, que quedaban fuera del esquema de reintegros previstos por el Gobierno.
Según datos de la Bolsa de Cereales de Rosario, en junio pasado el precio internacional de la soja promedió los 531 dólares la tonelada, mientras que en igual mes de 2007 estaba en 281 dólares. El aumento fue nada menos que del 89 por ciento. Esa disparada es la que explica que el nivel de rentabilidad de los productores de soja sea extraordinario. Por más que algunos costos aumentaron, no lo hicieron ni cerca en la proporción que crecieron los ingresos. De hecho, los herbicidas (glifosato) y fertilizantes representan sólo el 14 por ciento del costo total del productor: entre el 45 y el 50 por ciento se explica por el arrendamiento de las tierras.
En junio de 2006, la soja se ubicó en 227 dólares la tonelada, mientras que en igual mes de 2005 estuvo en 243 dólares, en 2004 en 245 dólares, en 2003 en 225 dólares y en 2002 en 190 dólares. Según un estudio de la Secretaría de Agricultura, los ingresos que recibe el productor de soja son los mejores de 2002 en adelante, considerado a valores constantes.

15 de julio de 2008

Sonreí





Por Juan Ignacio Apogliessi



Sonreí, porque si sonreís vas a hacer sonreír a otros. Y si otros sonríen van a hacer sonreír también a otros más. Y si otros más también sonríen significa que tendremos una sociedad más feliz. Y si tuviéramos una sociedad más feliz, podríamos empezar a resolver nuestros problemas. Y si empezáramos a resolver nuestros problemas tendríamos mas chances de salir adelante. Y si saliéramos adelante podríamos ayudar a que los otros salgan adelante. Y si lo otros salieran adelante, no nos pelearíamos tanto. Y si no nos peleáramos tanto podríamos conversar. Y si conversáramos podríamos decirnos mutuamente como estamos. Y si nos diríamos mutuamente como estamos, podríamos mirar más ampliamente la situación. Y si pudiéramos mirar más ampliamente a la situación, podríamos tener una conciencia crítica de lo que nos sucede. Y si tuviéramos una conciencia más crítica de lo que nos sucede, podríamos evaluar nuestros aciertos y desaciertos. Y si evaluáramos nuestros aciertos y desaciertos podríamos convertirnos en mejores personas. Y si nos convirtiéramos en mejores personas, elegiríamos mejor nuestros destinos. Y si eligiéramos mejor nuestros destinos podríamos ayudar a los demás a elegir mejor sus destinos. Y si ayudáramos a los demás a elegir mejor su destino, podríamos crecer juntos. Y si creciéramos juntos, no habría tanta desigualdad. Y si no habría tanta desigualdad, podríamos disfrutar mejor lo que tenemos. Y si disfrutáramos mejor lo que tenemos, podemos aprender a valorar eso que tenemos. Y si valoráramos eso que tenemos podemos ayudar a que los demás valoren lo que tienen. Y si ayudáramos a que los demás valoren lo que tienen, cuidaríamos lo nuestro. Y si cuidáramos lo nuestro, tendríamos algo que defender. Y si tuviéramos algo que defender, tendríamos algo por lo que pelear. Y si tuviéramos algo por lo que pelear, tendríamos gente en la cual confiar. Y si tuviéramos gente en la cual confiar, podríamos seguir aprendiendo. Y si siguiéramos aprendiendo, podríamos crecer como personas. Y si creceríamos como personas ayudaríamos a crecer a los demás. Y si ayudáramos a crecer a los demás, sabríamos como cuidarnos. Y si supiéramos como cuidarnos, no tendríamos tantos miedos. Y si no tuviéramos tanto miedo, podríamos tener más metas. Y si tuviéramos metas, podríamos arriesgarnos a más. Y si nos arriesgamos a más, conseguiríamos nuevas cosas. Y si consiguiéramos nuevas cosas, tendríamos más competencias culturales. Y si tuviéramos mas competencias culturales podríamos destacar lo más bello de la vida. Y si destacáramos lo más bello de la vida, nos daríamos cuenta de lo que es el amor. Y si nos diéramos cuenta de lo que es el amor, conoceríamos la importancia de la familia. Y si conociéramos la importancia de la familia, sabríamos lo que es la amistad. Y si supiéramos lo que es la amistad, sabríamos como ser más felices. Y supiéramos ser más felices, sin dudas tendremos razones para vivir sonriendo.

1 de julio de 2008

¿El incendio y las vísperas?




Señora Presidenta:
Con todo respeto, nuevamente me permito reflexionar como cuando le escribí, hace meses, a propósito del Tren Bala.

Esta semana asistiremos a una crucial votación en el Congreso, y las matemáticas parlamentarias prefiguran un resultado muy riesgoso, porque lo que se juega no son solamente las retenciones. Quizá tampoco la suerte de la democracia, pero sí, seguro, la del Gobierno que usted encabeza. No por nada mi coterránea Elisa Carrió ya dijo en su tono apocalíptico que el Gobierno “está en una situación de jaque mate”.

No sé si es así, pero esas graves palabras delatan el espíritu instalado en la porción de sociedad que los porteños llaman “la gente” y que refiere a las clases medias urbanas que tanto la odian a usted. Un odio irracional y lleno de resentimiento como no tuvieron hacia los dictadores ni hacia Menem, como bien señaló José Pablo Feinmann. Pero es lo que hay, y es un odio desestabilizador que a mí, como a muchos argentinos, nos produce temor.

¿Es que acaso estamos asistiendo a ese golpe cuya sola mención espanta a muchas buenas conciencias intelectuales, pero que poco a poquito va desestabilizando su gobierno? Claro que no hay una conspiración, nadie podría probarla, pero sí han preparado sutilmente un clima propicio para que esta crisis sólo pueda terminar, acaso, con la renuncia de usted.
Entonces uno se pregunta: ¿por qué no reaccionan políticamente, Señora, por qué su gobierno no cambia?

Porque vea: es verdad que han ganado las últimas elecciones con el 46 por ciento de los votos. Es verdad que les sobra legitimidad y tienen mayoría en el Congreso. Es verdad que millones de argentinos están de su lado en ese asunto de las retenciones móviles. Es verdad que los que se autocalifican “el campo” no tienen el apoyo masivo que dicen tener, y en la gran mayoría de las provincias no les dan bola a las cuatro entidades, para decirlo mal y pronto.

Yo he visto, y veo, cómo muchísimos laburantes de clases medias bajas y del pobrerío nacional hacen silencio y miran con hartazgo esta demanda de hidropampeanos que no son todos tan pequeños. Porque nadie que tenga o trabaje más de 150 o 200 hectáreas puede considerarse tal. Los verdaderos pequeños son los miles de campesinos que trabajan de tres a diez hectáreas, y sin títulos de propiedad. Ellos no “hacen soja” ni están representados por la mesa de enlace patronal.

Además, los chacareros que lidera el señor De Angeli son minoría y un “enchastro” ideológico –para decirlo con palabras de él– llámense nueva derecha o vieja izquierda. Pero tienen medios detrás. Que fogonean una “prepotencia gubernamental” que no vieron cuando de veras la hubo, y una “oportunidad histórica” cuya pérdida no es tal.

Parece que los están corriendo con la vaina, Señora. Y por momentos da la impresión de que ustedes son como un automóvil que va a estrellarse. Y con ustedes nosotros, los argentinos que no tenemos ni una vaca ni un metro de tierra; los que pagamos impuestos sin chistar ni haciendo trampas; los que no queremos que vuelva el neoliberalismo que hoy procuran reinstalar las cuatro entidades y casi toda la oposición, se den cuenta o no.

Usted ha de leer y escuchar lo que escriben y dicen los exegetas todo terreno de la desestabilización. Están agrandados: se sienten republicanos y nuevos padres de la patria. No van a acatar una ley que no les guste. Sueñan con verla huir de la Casa Rosada en helicóptero. Están decididos a todo. “Jaque mate”, se ilusiona Carrió.

¿Cómo es que en su gobierno y en su partido no lo ven, Señora? ¿Cómo no se dan cuenta de que si sale la ley como la mandaron y por pocos votos, se viene la sedición neoliberal? Algunos ya lo dijeron y otros eluden decirlo, pero no van a acatar esa ley. Y guarda que este jueves les puede pasar como a Alfonsín con la ley Mucci, cuyo rechazo fue el inicio del fin de su gestión.

Y si acaso la ley sale como su gobierno quiere, el último camino legal –y ellos lo saben– será reprimirlos. Cosa que ustedes no han hecho y no deberán hacer, y eso es algo bueno que este país les debe a su marido y a usted.

Claro que en medio de un montonal de metidas de pata, todo sea dicho. Porque disculpe la franqueza, Señora, pero ustedes a cada rato dicen cosas inoportunas. Cada vez que habla un Fernández, la verdad es que uno tiembla. Siempre hablan provocando, calentando.

Yo no sé si realmente es su marido el malo de esta película, como dicen. No me hago eco de los ladridos a la luna que pueblan la Argentina. Pero admita que no tuvo usted sabios consejeros ni buenos alfiles. Ahí está la detención del señor De Angeli hace un par de sábados; no pudieron cometer torpeza mayor. Y los errores políticos se pagan. Siempre. Usted lo sabe, Señora. Rectifique a tiempo, entonces. Y sobre todo, tome decisiones urgentes. No puede ser que a esta altura de la crisis ustedes todavía no dicen ni una palabra de los minifundistas, que son el verdadero campo de este país y esos sí que están jodidos, Señora, disculpando la expresión.

Aunque sea por supervivencia política, usted debería anunciar una profunda reestructuración del gabinete. Cambie, Señora. Renueve, oxigene. En agricultura y ganadería, en transportes, en aduanas, en impuestos. Quizá también podría anunciar la creación de un Organismo Nacional de Granos y Carnes, y convocar al debate de un Plan Agrario proyectado a 30 años. ¿Qué tal replantear el Tren Bala como parte final de un Programa Nacional de Recuperación Ferroviaria? ¿Qué tal discutir un nuevo plan de coparticipación federal y de retenciones; anunciar la finalización de los superpoderes para 2009, y de una vez reconocer a la CTA, que es la organización obrera que le ha sido más leal y sin chantajes? Usted podría hacer muchas de estas cosas en las próximas horas. Y no hablar más de redistribuir riqueza, al menos mientras su gobierno siga favoreciendo a los grandes pools, las concentraciones económicas y los intereses menos distribuicionistas de este país.

Porque lo que se viene es bravo. Salga la ley que salga, quedarán afuera los campesinos verdaderamente pequeños, millones de seres humanos que fueron expulsados de sus provincias y hoy se hacinan en villas urbanas. Ellos no se interesaron en este conflicto porque son argentinos que padecen hambre, de-socupación, violencia, frío, inundaciones, explotación y hasta el robo de sus tierras, echadas a perder por abogados y glifosatos.

Se vienen otros debates de igual o mayor intensidad: la minería que destruye provincias enteras; los medios de comunicación; la renta financiera; y sobre todo una reforma impositiva para que paguen más los que más tienen y aliviarles el 21 por ciento de IVA a las clases populares, que de hecho pagan un impuesto a la pobreza. Esa sí que será redistribución en serio, Señora.

La vida en democracia es conflictividad en acción. Pero no sirven las polarizaciones. Ningún país serio puede crecer en manos de posiciones energúmenas, con piquetes, carpas, ocupaciones de rutas, calles, plazas y espacios públicos. Y menos cuando los sectores más reaccionarios de la Argentina están unidos: los Rodríguez Saá con Menem y Romero; Cecilia Pando y sus dinosaurios con el PCR y el “socialismo” sin votos; el macrismo y el lilismo con lo que queda de un partido radical que dolería a Alem y Sabattini. No sé si juntos pero sí revueltos, muchos de ellos van por más que esta ley. Van por usted, Señora. Porque perder en el Congreso puede ser el final de su gobierno. Mienten o yerran los que dicen que es sólo una batalla.

La Argentina está todavía en el primer día de la creación: siempre en obra y en crisis. Pero en estos 25 años de democracia crecimos muchísimo y, a pesar de sus infinitas falencias e insatisfacciones, es lo mejor que hicimos los argentinos. Baste recordar lo que era este país hace 30 años: una carnicería. No lo olvidamos. Pero que no lo rife su gobierno, Señora.

30 de junio de 2008

No lo dejaron solo



Por Facundo Bianco

Nadie sabe si lo hizo, pero deberá haber considerado un premio el haberse despedido el Día del Periodista. Un premio injusto. Un premio que confunde el periodismo, tanto como confundió él su rol de comunicador con su innegable capacidad de lobbista. Para muchos argentinos es probable que permanezca en la memoria colectiva como una de las tantas paradojas que suceden nuestra historia, una tras otra.

Murió a los 83 años. Se fue con lo que sembró tras más de medio siglo de profesión: una mansión en Martínez, amigos como la nunca bienvenida María Julia Alsogaray llorando frente a su lecho de muerte, y un reducido séquito de aduladores, todos vinculados a sectores de poder.
Así se fue Bernardo Neustadt, un rumano que supieron adoptar estas (muchas veces) generosas tierras. De profesión periodista, lo recordarán algunos. Otros, como vocero de la última Dictadura Militar y del gobierno menemista. Defendió con uñas y dientes las políticas neoliberales de ambos procesos, desde su histórico programa Tiempo Nuevo. Ese mismo programa fue testigo de momentos que se tornan incalificables por la indignación que generan, como los brindis con champagne con el por entonces presidente Menem, cada vez que éste privatizaba una empresa estatal. Era tal el pacto con el riojano, que él mismo llegó a conducir una emisión del programa, cedido gentilmente por Neustadt, que permanecía internado en una clínica.


Ni siquiera con el paso del tiempo, su fascinación por el menemismo -o por los privilegios que éste le daba-, cambió: "Estoy apasionado por este modelo económico, que es mentira que produzca más pobres, que los fabrique", llegó a declarar por aquella década infame. No se quedó allí, e insistió. "Leí el otro día que el 50% de los argentinos está con sobrepeso. Y ¿dónde está el hambre entonces?", preguntó con actuada ingenuidad y asombro en el Canal P&E, en 2004.

Se fue un títere del poder. Neustadt fue el inventor de la famosa “Doña Rosa”, ese personaje ficticio, símbolo de la expresión más tilinga de la clase media, ante quien justificaba cada intervención de políticas que iban dejando al Estado argentino reducido a su mínima expresión. Fue amigo y enemigo de Mariano Grondona, según exigieron los intereses y la situación de cada momento.

Sus restos fueron velados el domingo en su casa de Martínez. El desfile de personajes incluyó a los ex presidentes Carlos Menem y Fernando de la Rúa, el ministro del Interior, Aníbal Fernández, y el mediático "Chiche" Gelblung.

“Yo opino, no informo, no investigo, no voy a ver gente”, le confesó a Página/12 durante una entrevista. Desde su web, y el diario Ámbito Financiero, lanzó predicciones apocalípticas contra los Kirchner y su gobierno, hasta el día anterior a su muerte. Contó de su afinidad con Elisa Carrió, y dedicó sus últimos años en el periodismo, entre otras cosas, a impulsar la candidatura a gobernador del falso ingeniero Blumberg.

Antes de partir, eligió un momento que lo describe tal cual fue, para hacer una de sus últimas apariciones públicas: junto a Carlos Menem visitó al represor Luis Patti, en el penal de Marcos Paz. "Yo no necesito al poder; es el poder el que me necesita a mí. Ellos tienen el gobierno y yo el poder: el poder de la gente", declaró en Marzo de 1994, al diario La Prensa.

Este fanático hincha de Racing se fue con un deseo: que alguien pusiera la leyenda “Ayudó a pensar", bajo la cruz de su tumba. Distintas generaciones darán su veredicto, y el tiempo dirá si alguno de sus amigos cumplirá con el último deseo de este eterno periodista de alquiler.

No lo dejaron solo, pero vivió mal acompañado hasta el último día. Dime con quién andas…