“El baile de la gambeta”, Bersuit Vergarabat

Por Matías Alba
Sencillamente, qué lindo es observar y disfrutar a los equipos dirigidos por técnicos como Luis Zubeldía, Diego Cocca o, especialmente, Ángel Cappa. A esta clase de tipos, no me canso de aplaudirlos.
Reconozco que hay técnicos que son muy buenos estrategas y/o motivadores. Los respeto. Pero ¡por favor!, qué bello y reconfortante es disfrutar de un equipo que sale a la cancha a disfrutar, divertirse y a tratar de jugar (de tres cuarto para arriba) como si fuera una cancha de papy.
Apenas terminó Huracán 4 – River 0, un periodista le preguntó al DT del globo si la clave de ese “Huracán lírico” fue tener la pelota. A lo que el genial y siempre pensante Angelito respondió: “Desde que se inventó el fútbol la clave es tener la pelota”. Simplemente, aplaudan aplaudan no dejen de aplaudir...
Como fiel simpatizante de Racing Club, reconozco que mi actual técnico es un gran motivador y un excelente estratega a la hora de plantarse contra los diferentes contrincantes. Sin embargo, también reconozco que no estuvo ni estará dentro de los entrenadores preferidos de mi humilde gusto futbolístico. También hay técnicos (muchos de mi agrado y respeto) que se encuentran en el término medio de la balanza. O sea, son muy eficaces, “verticales” y por momentos hacen jugar bien a sus players (es el caso de Diego Simeone, Alfio Basile o el intachable Marcelo Bielsa). Pero sigo insistiendo que son diferentes a los entrenadores que me quitan el sueño.
Por su parte, me duele muchísimo -¡y cómo le dolerá a la redonda!- que todavía exista y siga trabajando gente como Carlos Salvador Bilardo y, peor aún, que aún tenga “cómplices”. ¡Está bien! Es verdad que se disfruta mucho ganar partidos como el que el seleccionado nacional le ganó a su par brasilero en el Mundial ’90 (obvio, dejando de lado las cobardes trampas). Pero no entiendo como alguien puede preferir eso antes que un ole ole o un tiki tiki. Es totalmente i-nen-ten-di-ble.
Por todo lo explicado, levanto una copa y brindo en especial por Ángel Cappa (cómo jugaba la academia de él, por Dios) para felicitarlo, apoyarlo y rogarle que aunque gane o pierda, siempre muera con la suya. Obvio, léase con la pelota al pie.





¡Muerto el rey, viva el rey! Apenas murió el ex presidente Raúl Alfonsín me di cuenta que pasaría lo que pasó: millares de personas que lo insultaron de arriba a bajo cuando “pasaron hambre” con la superinflación de su Gobierno, ahora lo halagaban –también de arriba abajo-, expresaban maravillas de él y aseguraban que ya lo extrañaban (cuando en los últimos años ni siquiera se acordaron de su cara).









